14 agosto, 2013

Islandia y sus fenómenos "sobrenaturales"

Nada más dejar atrás Reyjkavik empezamos a ver salir vapor de entre las grietas de la tierra a la vez que empezamos a oler a huevo podrido (por la presencia del azufre)... Lo habiamos leído en la guía y sabíamos que la actividad geotérmica era corriente en toda la isla, pero encontrárnosla tan rápidamente fue toda una sorpresa.

La primera parada del "road trip" la hicimos en Hveragerdi, una pequeña ruta a pie ladera arriba, hasta llegar a Raykjadalur, un valle con marmitas de barro burbujeantes y un río de agua caliente.


En lo del río ibamos desprevenidos y sin bañador, con 10 grados de temperatura exterior no pensábamos que nos tentaría, pero la gente se despojaba sin problema de la ropa para meterse corriendo en el río y ponerse en remojo.



Uno de los mejores momentos del viaje fue la laguna de Jökulsárlón. Un glaciar de unos 30 metros de altura se deshace en sus aguas formando icebergs de formas y colores irreales.
Nos tuvimos que poner unos trajes de flotación para montar en una zodiac que nos llevó por toda la laguna, cruzamos alguna foca y me sentí en otro planeta por unos minutos. Inolvidable.










Hasta hace unos días los únicos glaciares que yo había visto eran los de los Alpes, encajados entre picos de montaña, con lenguas que se deslizan por un valle y luego acaban en ríos. En Islandia, el 15% de la superficie está cubierta por glaciares, son tan inmensos que recubren los volcanes en grandes masas que cuando se desagregan, en los sandar, forman kilómetros y kilómetros de restos volcánicos y aguas grises azotados por el viento.



La vista del glaciar de Skaftafell, detrás de nuestro hotel, amenazante.


El glaciar de Skaftafellsjökull hasta el cual nos acercamos todo lo que pudimos, respetando las señales de no andar sobre él, porque puede resultar extremadamente peligroso caer en una de sus grietas.


Y capítulo aparte merecería la zona de Geysir, que ha dado origen al nombre de géiser.

El Litli Geysir burbujeando:


El Geysir original durmiente, sólo se arranca una vez cada cierto número de años, pero ese ojo azul me pareció precioso.



El gentío a la expectativa de ver Strokkur, el géiser más regular de la Tierra, que explota cada 6/7 minutos.

Y alcanza una altura entre los 25 y los 35 metros.



Su color, su forma de entrar en ebullición, su ruido, su imprevisibilidad, todo me pareció mágico. Estuve observándolo bastante rato, no me cansaba de hacerlo, de no ser por el franchute me quedo allí toda la tarde.


Un pequeño vídeo que hice a cámara lenta para que veáis lo hipnótico que resulta.


La falla que crece cada año unos 2 centímetros entre las placas tectónicas euroasiática y norteamericana, en el Parque Nacional de Thingvellir, se merece entrada a ella sola por sus paisajes y la historia que la rodea.


En la península de Snaefellsnes, el volcán en el que Julio Verne situó "Viaje al centro de la tierra", me colé en la grieta de una montaña, asustadiza ante lo que me pudiera encontrar.


La lava recubierta de un musgo espeso y blanco, que cedía bajo mi peso y que era de lo más curioso:

El mini volcán de Saxhöll:


Vistas de su cráter


Nunca he estado en Canarias así que las playas de arena negra de Vík Í Myrdal también han quedado impresas en mi memoria, junto con las extrañas formaciones rocosas de Reynisdrangur y sus bonitas leyendas...










Y por supuesto supuestísimo, el Blue Lagoon, un entorno volcánico con el agua a 38°C cargada en silicio azul claro, que a pesar de la tempestad del último día no me quise perder...



¿ Lo dudábais?


Continuará...


4 comentarios:

  1. Alucinante, nunca vi nad parecido

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  2. Qué pasada de viaje!! Cuéntanos más...

    Besos.

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  3. Me reafirmo...Qué pasada!! Qué envidia!!

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